La primera de estas actitudes que necesitamos ofrendar voluntariamente a Elohím es una relación íntima diaria y minuto a minuto. Dice en Ro. 8:14: “Porque todos los que son guiados por el Rúaj de Elohím, éstos son hijos de Elohím”. ¿Qué significa este “guiados”? En primer lugar, significa una relación extensiva, es decir, diaria, que no cese, día tras día, hasta que nos llegue el momento de vivir eternamente con Él. Esto se logra a través de tener a Ieshúa (Elohím mismo como “Imánu ‘El”=Elohím entre nosotros) viviendo en nuestro rúaj y con el cual podemos comunicarnos y recibir instrucciones y hasta palabras de profecía y visiones espiritual, que significa una comunicación exacta y perfecta, cada vez que lo deseemos, con el Creador del Universo. En segundo lugar, significa una relación intensiva, es decir, en profundidad, que se haga cada vez más intensa con los años, hasta llegar a ser una preciosa—en todos los sentidos de la palabra—amistad con nuestro Creador y Padre.
La segunda y tercera actitud surge de la primera: un amor y un cariño personal que salta de cualquier relación personal de nuestro yo con cualquier persona, y más que más, si se trata del amor y del cariño hacia Elohím mismo a través de esta relación que mencionábamos, día tras día y cada vez más profunda. Cuando lleguemos a conocerlo de Verdad, comenzaremos a amarlo y a conocerlo y a valorarlo, y a aprender de Él, en revelaciones y en lecciones diarias de todo tipo que nos hará crecer mental y espiritualmente y en Su Verdad, no en la verdad de hombres, si lo dejamos actuar en nosotros, hacia lo que estábamos destinados a llegar a ser, aunque nunca lo supimos. No existe nada que se compare con el valor, el tesoro de este amor y de este cariño hacia el Único Elohím, quien nos protegerá, nos guiará, nos educará más allá de toda comprensión, para que seamos verdaderos Hijos de Él, no sólo en esta vida, sino en la Eternidad.
La cuarta y quinta actitud que surge de nuestro interior es una devoción y un respeto a este Elohím que se digna hablar con nosotros y hasta reírse con nosotros en una relación íntima que nadie nos dijo jamás que podríamos tener con Él. Al principio no hay ni amor, ni respeto, ni devoción, sino simple ignorancia, porque no sabemos con Quién estamos, ni Quien es el que nos habla, ni nos revela cosas. Pero, con los años, con el tiempo pasado en Su Presencia, y con las experiencias personales que cada uno experimenta con Él, surge nuestra fidelidad y nuestro respeto por Él, que crece cada vez más.
La sexta actitud, que es un reflejo de todas las cinco anteriores es una confianza/bitajón en Él, que no tiene límites y que provoca que dejemos de preocuparnos por las cosas del mundo, sobre cosas como: “¿de qué voy a vivir?”, o “¿cómo voy a hacer esto?”, porque todo, ya hemos aprendido a través de las experiencias con Él, son fáciles, simples, siempre que recurramos a Él para hacerlas con Su Ayuda, con Su Respaldo, que es enorme, inestimable, y que NUNCA falla. Ya no tememos a nada ni a nadie, porque SABEMOS en quién confiamos, QUIEN está de nuestro lado.
La séptima actitud es nuestro corazón: ya estamos enamorados de nuestro Ába, (Papá) y ya no podemos ir para atrás y volvernos “a los pobres rudimentos” de nuestras religiones pasadas, con Dioses que no son nada y con “verdades” que sólo son engaños y tradiciones humanas.
La octava y última actitud tiene que ver con la distribución de nuestro tiempo: ya entendemos nuestras prioridades; qué es lo primero en nuestra vida, qué es secundario; y qué es sin valor. Lo que antes considerábamos como “lo número uno”: el cómo ganarnos la vida, o el llegar a casarnos o a tener una familia, ahora pasa a segundo lugar, porque de eso se encarga nuestro Ába.
¿Qué sucede si damos, voluntariamente, estas contribuciones, tributos a Elohím? Surge en los que hacemos esto, el Fruto del Rúaj ha Kódesh de Gál. 5:22-23: “Amor, gozo, shalóm, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, templanza; contra estos no hay Toráh”.
¿Qué sucede si NO damos, voluntariamente, estos tributos a Elohím?
De a poco, sin darnos cuenta, muchas veces, nos resbalamos a su opuesto, al anti-tributo: ya no hay relación con Elohím, no hay amistad con Él, no hay amor; etcétera. Al final, llegamos a poseer los ocho frutos, pero no los de Gálatas, sino los de ha satán: “Odio, amargura, ansiedad, impaciencia, vileza, maldad, orgullo, falta de autodominio”.
Al final, terminamos honrando al becerro de oro: a la idolatría, el hacer las mismas ocho cosas, pero para honrar al enemigo.
LA PLATA: NUESTRA RELACIÓN CON SU TORÁH
El segundo tributo que debemos darle a Elohím, es plata, que simboliza Su Tanáj, Su Palabra para nosotros, que nos dará Vida Eterna. Muchos de nosotros, aquellos que no tienen una relación íntima, por lo menos pueden aprender de Su Tanáj, que fue hecha precisamente para darnos Su Vida Eterna. El Tanáj está hecho como modelo de vida, para que copiemos, para que imitemos a cada personaje de cada historia, ya que cada uno tiene algo bueno que enseñarnos, ya sea a hacer, o a NO hacer. Las historias personales son muy interesantes y son relatos de la vida real de los personajes de cada libro, pero a la vez, son modelos para que nosotros aprendamos de ellos, tanto de sus aciertos, como de sus errores.
Dice, por ejemplo en Melajím Álef (1ª R.) 8:33-34: “Si tu Pueblo, Israel, fuese derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu Nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa, tú oirás en los Cielos y perdonarás el pecado de tu Pueblo, Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres”.
¿Qué nos está enseñando Elohím sólo en estos dos versículos de cientos de miles en todo el Tanáj? 1. Que investiguemos cuando algo no sale bien, tanto en nuestra vida personal, como en la de nuestra familia (que es el equivalente al Pueblo de Israel), si no es porque hemos pecado contra Él. 2. Si es así, debemos orarle y suplicarle que nos perdone, desde la sinagoga mesiánica, y 3. Él nos oirá y nos perdonará nuestro pecado, y 4. nos dará bendiciones.
EL COBRE: NUESTRAS ACTITUDES, SENTIMIENTOS Y PENSAMIENTOS
Por último, tenemos el cobre, que es símbolo de nuestras actitudes, pensamientos y sentimientos, frente a los problemas y a los éxitos por lo que pasamos, ya sea nosotros, o los miembros de nuestra familia inmediata.
Es el deseo de Elohím que le entreguemos todos los días estas actitudes, pensamientos y sentimientos, para que Él los modifique, los mejore, y cambie aquellos que no están de acuerdo con Sus Mandamientos, para que nuestra personalidad sea cambiada en dirección a Su voluntad, y no a la nuestra.
Este oro, esta plata y este cobre, ofrecido a Elohím con tributo voluntario, cada día, nos hará mejores hombres y mujeres de Elohím, para la Honra de Ieshúa ha Mashíaj, nuestro Salvador.

