Viernes, 29 Mayo 2020 10:16

PARASHÁH 35 NASÓ / נשא / HAZ UNA CUENTA

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 35
NASÓ / נשא / HAZ UNA CUENTA

7 DEL MES TERCERO DEL 5781
30 DE MAYO DEL 2020

Lectura de la Toráh: Bamidbar/En el desierto/Núm. 4:21 – 7:89
Lectura de la Haftaráh: Shoftím/Jueces 13:2 – 13:25

Por Julio Dam
Rébbe Mesiánico Renovado

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Bamidbar/En el desierto/Núm. 7:2: “Y los jefes de Israel, que eran cabeza de sus linajes paternos se acercaron y ofrecieron ofrendas. Ellos eran los jefes de las tribus, los mismos que estaban encargados de llevar a cabo el censo.”

COMENTARIO DE LA PARASHÁH

EHIÉH ASHÉR EHIÉH/SERÉ EL QUE SERÉ

Esta parasháh, la más larga de todas (un total de ciento setenta y seis versículos) nos habla de las ofrendas que los doce jefes de las doce tribus ofrecieron a ADONÁI Lo que llama la atención es que los doce jefes de tribus ofrecieron básicamente la misma ofrenda. Si es así, ¿por qué la Toráh se toma el trabajo de dedicar OCHENTA Y NUEVE versículos a detallarlas, cuando son todas iguales? ¿Qué importancia tienen, al ser idénticas?

La respuesta es significativa: ¡las ofrendas puede que sean iguales, pero los que ofrendan son todos diferentes! Por lo que cada ofrenda es especial, porque es ofrendada a un Elohím que, interiormente a cada jefe de tribu, es diferente.

Examinemos esta paradoja: mientras que es el mismo “Ehiéh ashér Ehiéh/Seré el que Seré,” los que ofrendan, Sus hijos, somos todos diferentes, por lo que, tenemos un concepto de Elohím totalmente diferente, o por lo menos básicamente diferente unos de otros, lo que hace que cualitativamente las doce ofrendas sean diferentes, aun cuando son iguales.

¿Por qué son tan diferentes las concepciones que nos hacemos de Elohím, aun cuando El es siempre el mismo? Porque no tenemos un verdadero conocimiento de Él, sino a veces apenas una inferencia—sabemos que existe pero no lo conocemos personalmente—y a veces, aun cuando lo lleguemos a comenzar a conocer en realidad, nuestra configuración trimembre (de tres miembros, o partes: espíritu, alma y cuerpo), se interpone en un verdadero “conocer” que en hebreo tiene una connotación que no tiene en ningún otro idioma: ladáat, que es la misma palabra que se usa para las relaciones íntimas en el matrimonio: “Y Adám conoció/iadá/idy a Javáh.”

¿Cómo, de qué manera nuestra configuración se interpone para conocerlo? Puede ser por enseñanza, para comenzar. Algunos enseñan que ADONÁI no se puede conocer, que no hay forma alguna en que podamos entender algo sobre El o Su naturaleza, que Él es inasequible. Esta manera de tratar de percibirlo debemos trocarla por un enfoque positivo, donde percibamos la verdad: que Elohím no es inasequible, sino al contrario, que es totalmente posible y recomendable el acercarse a Él, ya que Él así lo dispuso, para Su placer, para cumplir lo que dice Irmiáhu 9:23-24: “el que se precie, que se precie de conocerme y entenderme.”

Ahora, que tenemos POTENCIALMENTE (no desarrollado) el Rúaj ha Kódesh en nosotros, y a Ieshúa ha Mashíaj dentro nuestro, es totalmente posible conocer ambos: tanto el Nombre Kadósh/Santo como al Santo de Israel, porque Él desea que lo “conozcamos y entendamos.” Ya no podemos quedarnos tranquilos o ignorantes y pretender que no es posible, que es “inasequible.” En realidad, si existe algo que DEBEMOS HACER y que es nuestra prioridad número uno, dos y tres, es, precisamente “conocerme y entenderme.”

¿Qué otra cosa se interpone en nuestro conocimiento del Ehiéh ashér Ehiéh? Existen ambiciones carnales y mentales, como lograr sobresalir en nuestra carrera, hacer dinero y más y más dinero, tener una casa cada vez mejor, y un automóvil cada vez más nuevo y lujoso, tener éxito social, y una cantidad de preocupaciones como éstas que sólo nos distraen de la tarea número uno: el llegar a conocer/ladáat íntimamente a Elohím. Es bueno y recomendable cuando todavía no conocíamos a Elohím, o para poder comer todos los días en los casos en que ya lo conocemos. Pero no es nada bueno si esta es toda nuestra ambición y usamos a Elohím para lograr bendición/brajáh económica y hacemos de esta ambición la cosa más importante de nuestras vidas. No pensemos que no nos la va a dar, porque es probable que sí, si eso es todo lo que ambicionamos--pobre de nosotros. Pero si nuestro destino es llegar a alturas insospechadas ahora con Elohím, Él va a hacer caso omiso a nuestros ruegos por brajót económicas, para que nos concentremos en lo que hemos venido al mundo a hacer: ladá’ at otó/conocerlo íntimamente.

Otra cosa que se puede interponer es nuestro poco crecimiento espiritual. Este puede ser debido a nuestro poco tiempo que conocemos a Ieshúa o puede deberse a que crecemos muy lentamente, por lo que sufriríamos de lo que me gustaría llamar “Síndrome de mesia-enanismo” espiritual. El mesia-enanismo puede ser a causa de una enseñanza pobre, a cuentagotas, que en un año nos hace crecer lo que otros, en otra sinagoga, crecen en dos meses. O nuestro síndrome de poco crecimiento puede deberse a nuestra haraganería o simple dejadez. “¿Para qué romperse la cabeza?” puede que nos digamos a nosotros mismos, sin apuro alguno por crecer. Esto se puede deber a falta de jajmáh/sabiduría espiritual. Esta consiste en saber qué es lo importante y qué es totalmente banal y no importante. Gracias a Elohím, la jajmáh se adquiere a base de oración y ella nos posibilita entender las prioridades VERDADERAS: primero, segundo y tercero, está nuestra relación con Elohím; cuarto está nuestra familia, y quinto todo lo demás. Otra posible razón para el Síndrome de mesia-enanismo puede ser las distracciones, como una novia/novio, una serie de problemas seguidos, o cualquier otra razón que hace que posterguemos esa relación tan vital para nuestra vida espiritual. En el caso de distracciones de diversas clases, debemos poner todo en perspectiva. Elohím definitivamente NO nos quiere haciendo otra cosa que buscarlo. Nuestro sentido de las prioridades debe primar siempre: primero lo primero y primero está Él.

En el caso de una serie de problemas de seguido, es probable que el problema sea espiritual y no una “casualidad,” algo en lo cual no creo para nada. En este caso, debemos ir a nuestra autoridad rabínica y solicitar ayuda en liberación y/o en consultar a Elohím acerca de las causas y de los remedios a poner en efecto para salirnos de la mala racha.

Otra causa de interferencia en nuestra vida espiritual es nuestra falta de perseverancia. Muchos de nosotros no tenemos mucho de esta cualidad. Tenemos grandes y buenas intenciones—que se quedan en el camino “a las primeras de cambio.” En cuanto nuestra vida espiritual se transforma en demasiado exigente para nuestro horario o nuestro sentido de lo que podemos hacer y no podemos hacer, dejamos de estar en Su Presencia por largos períodos de tiempo, o aunque sea, por semanas, sin que siquiera nos remuerda la consciencia. Pensamos, para consolarnos, que “estamos haciendo la obra de Elohím,” o que estamos “sirviéndole” en esto o en aquello, pero lo principal, estar EN SU PRESENCIA TODOS LOS DÍAS, lo hemos dejado de hacer por falta de perseverancia, y falta de temor ante esta falta nuestra. No nos importa la opinión de Elohím, o por lo menos, eso parece, por nuestra falta de temor.

Una causa común de interferencia en nuestra vida espiritual son nuestros pecados. Algunos pecamos en serio, otros tenemos “pequeños” pecaditos aquí y allá, pero todos pecamos, de alguna u otra manera; sólo Ieshúa no pecó nunca. Cuando pecamos, muchas veces Elohím no contesta nuestras oraciones y pedidos, aunque siempre las escucha. Esto lo hace para que reaccionemos y volvamos a Su “Camino Recto”. Este “volver” se conoce en el judaísmo como “teshuváh”. Cuando usted vuelva a Elohím, sus oraciones volverán a ser contestadas “como por arte de magia”, ¡una “magia” que consiste en dejar de pecar!

Por último, una causa común de interferencia es la interferencia frecuente de nuestros deseos carnales. Tenemos LA INTENCIÓN, la buena intención de progresar espiritualmente, pero nos dejamos ganar por nuestros deseos/ratzónót, que son los que toman el control de nuestra personalidad cada vez que actuamos. En otras palabras, todo lo que hacemos, es porque nuestros ratzonót tomaron el control y nos hacen hacer algo que deseamos hacer, contra nuestro mejor juicio, la mayor parte de las veces. Por ejemplo, vamos a ver ese buenísimo programa en la TV hoy, en vez de estar en Su Presencia, como queríamos hacer. O vayamos al parque este fin de semana, o mejor no, vayamos todos los días esta semana, aprovechando el buen clima--y nos olvidamos de que Él nos está esperando, impaciente.

Así, vemos que existen tantas concepciones de como personas hay, por razones concretas. Se dice que donde hay tres judíos hay cuatro opiniones, y ¡quizás esto ya esté sucediendo igual con los judíos por fe, con nosotros!

Debemos aprender a dejar a un lado nuestros prejuicios y nuestras trabas inventadas por nosotros mismos y avanzar en nuestro crecimiento espiritual hasta llegar a realmente CONOCERLO/ladáat otó, que es lo más importante del mundo.

Así, llegaremos a un nivel donde, por lo menos lo básico de Elohím será conocido por todos igualmente y todos estaremos de acuerdo en ello.

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