Viernes, 12 Julio 2019 08:51

PARASHÁH 40 BALÁK / בלק

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 40
BALÁK / בלק

10 DEL MES CUARTO DEL 5780
13 DE JULIO DEL 2019

Lectura de la Toráh: Bamidbár/En el desierto/Núm. 22:2 – 25:9
Lectura de la Haftaráh: Mijáh 5:6 – 6:8

Por Julio Dam
Rébbe Mesiánico Renovado

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BaMidbár/”Núm.” 22:31: “Y el ángel de ADONÁI abrió los ojos de Balaám, y vio al ángel de ADONÁI que estaba en el camino y tenía su espada desnuda en su mano.”

COMENTARIO DE LA PARASHÁH

¿VAMOS A VER LAS COSAS CON NUESTROS OJOS O CON LOS OJOS  DE ELOHÍM?

Podemos ver todo con nuestros ojos, y también podemos pedir en oración verlo todo con los ojos abiertos que nos da Elohím. El rey Shlómoh en 1ª R. 3:5, 9 dijo: “…Pide lo que quieras y te lo daré”… Ahora, pues, da a tu esclavo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre los bueno y lo malo.” Y Elohím le contestó en 1ª R. 12: “He aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.”

QUÉ ES TENER LOS OJOS DE ELOHÍM

Nuestro Universo está hecho en tres dimensiones, en realidad: un Universo físico, que es el que vemos con nuestros ojos físicos, un Universo mental, y un Universo espiritual, que sólo lo pueden ver los videntes, quienes podemos ver el mundo espiritual, algunos con más nitidez que otros.

Sin embargo, el tener los ojos de Elohím es mucho más amplio que el “simple” ver el Universo espiritual. Es percibir los sentimientos, pensamientos, e intenciones de cada persona por separado, aparte de que, de cada persona se puede ver el pasado, presente y futuro, ya que en el Universo espiritual no existe el espacio-tiempo como nosotros lo conocemos, donde todo es presente.

Así es como nos ve Elohím: Él nos ve como fuimos, somos  y seremos. Él ve y sabe lo que hemos pensado, hecho, y sentimos hace cincuenta años, ayer, o en este mismo segundo, con la misma facilidad con que nosotros vemos lo que tenemos delante de nosotros.

El tener los ojos (espirituales) de Elohím abiertos y los mentales, es ver todo esto, tal como Él lo puede ver y guiarnos por eso, y no por lo que sólo nuestros ojos físicos pueden ver, sólo en el presente, lo cual representa una millonésima parte de lo que Elohím puede percibir en nosotros, ¡y eso que está percibiendo simultáneamente a casi siete mil millones de personas en este segundo, la población actual del mundo!

El percibir con los ojos de Elohím nuestro entorno se puede lograr con oración, y si Elohím considera que estamos dispuestos a hacer algo para Él con esto, y no es sólo un caprichito nuestro, como un juguete nuevo. Él quiere y necesita personas dispuestas a trabajar para Él en cosas como orar, interceder, liberar, aconsejar, liderar, pero necesita esclavos, que no  hagan su propia voluntad, sino la Suya. ¿Está usted dispuesto a ser un esclavo de Elohím?

¿O sólo quiere ver maravillas para divertirse, como quien se compra un recién salido al mercado I Pod, para ver cosas que antes no se podían ver? Todo de- pende de nuestra intención, como sucedió con el rey Shlómoh, que no pidió oro, ni diamantes, sino sabiduría, y no para saber “invertir” mejor, sino para liderar el Pueblo de Israel, el Pueblo de Elohím.

Cuando necesitamos orar por alguien, también es imprescindible, para una buena oración, escuchar Su Voz, para saber qué tiene realmente la persona a quien le estamos orando y qué hacer con su problema. Claro que podemos tomar decisiones humanas, y orar cosas humanas, pero eso es precisamente tener los ojos humanos, y no los de Elohím.   Cuando oramos por alguien y tenemos los ojos de Elohím, vemos cosas que nadie más que un vidente puede ver, como problemas específicos, que pueden estar trabando la vida de la persona por la cual estamos orando, y que ésta ni siquiera sospecha qué tiene. O aunque sospeche, no puede saber qué realmente le está pasando.

Como ya dijimos, el tener los ojos de Elohím implica no sólo ver lo que no se puede ver en el Universo físico, sino ver a la persona a la que estamos liberando u orando, como si fuese un libro abierto, entendiendo muchas cosas que ni la persona misma a veces sabe, sino sólo sospecha, como una tendencia hacia algo, o un defecto que desea corregir pero no sabe cómo. Sin embargo, Elohím sabe cómo y si ella desea, Él nos lo hace saber y estamos en condiciones de ayudarla a salir de ese problema que quizás le estuvo arruinando la vida por años.

Como decíamos más arriba, no sólo en el presente, sino en el pasado y en el futuro de la persona a la que le estamos orando o liberando.

El tener los ojos de Elohím también significa el poder decirle a la otra persona los efectos o las estrategias que son necesarias para lograr solucionar el problema que la otra persona tiene, ya sea psicológicos, físicos, o interpersonales. Muchas veces nos hemos sorprendido por el alcance de lo que Elohím nos está diciendo para la otra persona, ya que hasta podemos llegar a verlo con nuestros ojos espirituales, aún antes de que suceda, lo cual hace aun más interesante el resultado exitoso que la otra persona va a tener, gracias a que Elohím nos ha abierto los ojos para que veamos con Sus ojos, y no con los nuestros.

Debemos pedir a Elohím el ver con Sus ojos en vez de con los nuestros y no sorprendernos de los cambios positivos que se pondrán en funcionamiento en nuestra vida.

QUÉ ES TENER UN CORAZÓN SABIO Y ENTENDIDO Y CÓMO TENERLO

La segunda gran cosa que Elohím le dio a Shlómoh es “un corazón sabio y entendido”. La sabiduría/jajmáh es algo muy valioso que Elohím nos puede dar si se lo pedimos. Está casi encabezando la lista de siete ruajót (después del Rúaj ha Kódesh, del cual es parte), en Is. 11:2. Estos siete ruajót se pueden representar por la menoráh judía, que refleja estos siete ruajót, encabezados por el Rúaj Jajmáh/Espíritu de Sabiduría. La sabiduría no es “saber” solamente, sino que, más que nada, es “saber hacer” y “saber qué y cuándo hacer” algo. El solo saber está encarnado por el Rúaj Vináh (Espíritu de Comprensión, después del de sabiduría (que se ha traducido incorrectamente como “inteligencia”).

Todos los siete podemos tenerlos, mientras pidamos el último, el Rúaj Ir’át ADONÁI/Espíritu de Temor de ADONÁI, que es la lámpara a la derecha de la menoráh. “El temor a ADONÁI es el principio de la sabiduría” dice la Toráh en ”Prov.” 9:10. Y efectivamente, así es. El que pide el Rúaj Ir’át ADONÁI/Espíritu de Temor de ADONÁI, lo recibe, y al recibirlo, tiene derecho a pedir y a recibir los otros cinco ruajót, ya que los judíos mesiánicos ya tenemos el Rúaj ha Kódesh.

¿Para qué nos sirve el tener el Rúaj Jajmáh? No sólo para saber, sino para saber ACTUAR, no actuar, y CUÁNDO. No solamente nos provee de jajmáh, sino de una jajmáh activa y decisiva, que nos ayuda a movernos en el día a día con la jajmáh de Elohím, y no la nuestra, que poco y nada vale comparada con la de Elohím.

También nos sirve para entender la Toráh, el Tanáj y un pacto renovado mesiánico, que nos puede llenar de conocimientos que antes no teníamos. Como muchos sabemos, en el judaísmo se habla del PaRDeS, un acrónimo para cuatro niveles de conocimiento: “Pashút=sencillo, superficial; Rémetz=alusión; Drash=explicación; y Sod=Secreto. Respecto a este último, es fundamental aclarar que hay dos niveles de Sod/Secreto: un nivel que Elohím desea revelarnos, y un nivel que no debemos ni siquiera preguntar por él, ya que está prohibido por nosotros el querer siquiera saber de él.

Un ejemplo del segundo nivel es la Kabaláh. Es un nivel de Sod, pero el equivocado. No proviene de Elohím y no debemos ni estudiarla, ni tener libros en nuestra casa, ni artículos siquiera de ella buscados en Internet. Sabemos perfectamente que muy pocas personas están de acuerdo con nosotros en esto, pero lo importante no es quién está de acuerdo, sino decir la verdad, y prevenir futuros males a aquellos que están siendo mal guiados por un afán de conocer, que en el fondo, es muy bueno, si es que sabemos distinguir el Sod bueno (el que proviene de Elohím), del Sod equivocado, el que no proviene de Él y que nos va a llevar a las profundidades de ha satán.

Justamente, el entender la diferencia es lo que nos marca el tener la jajmáh, la sabiduría que nos indica qué hacer y qué NO hacer, como lo que decíamos en el párrafo anterior.

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