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Viernes, 06 Febrero 2015 10:54

PARASHÁH ITRÓ

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DIFUNDIENDO EL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO PARA TODA LATINOAMÉRICA, LOS EE.UU. Y EUROPA

PARASHÁH 17
ITRÓ

18 DEL MES UNDÉCIMO DE 5775
7 DEL MES DE FEBRERO DEL 2015

Lectura de la Toráh: Shemót/Nombre/"Ex." 18:1-20:23
Lectura de la Haftaráh: Ieshaiáhu/"Is." 6:1-7:6, 9:5-6

Por Julio Dam
Rébe Mesiánico Renovado

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Shemót/Palabras/"Ex." 18:1: "Y escuchó Itró/vrtykóhen/sacerdote de Midián, suegro de Moshéh, todo lo que hizo Elohím por Moshéh y por Israel, Su pueblo, que sacó ADONÁI a Israel de Mitzráim/'Egipto'".

COMENTARIO DE LA PARASHÁH
LA FALTA DE CONVERSIÓN DEL MUNDO AL JUDAÍSMO
Y AL JUDAÍSMO MESIÁNICO RENOVADO I

Itró, el sacerdote midianita cuyo nombre significa “Su Excelencia,” es símbolo representativo de toda la humanidad, especialmente de aquellos, los líderes, que son autoridad espiritual; no sólo es un símbolo sino un ejemplo para toda la humanidad acerca de cómo actuar en el ámbito espiritual, ejemplo que la humanidad y sus líderes espirituales, lamentablemente, jamás siguieron ni nunca percibieron en Itró la excelencia que su nombre mismo proclamaba.

Es decir, Itró era un sacerdote de una religión que no seguía al verdadero Elohím, sino a un Dios. Sin embargo, Elohím le dio la oportunidad y el enorme privilegio de escuchar los milagros de Elohím con Su Pueblo, como el sacarlos de Mitzráim, con la excusa de que su hija estaba casada con Moshéh, precisamente para que pueda meditar en ello y sacar las conclusiones del caso: “Este es el Elohím verdadero y no el mío y ésta es la Verdad espiritual que debo seguir y no la mía, la que me enseñaron de pequeño.” ¿Quién es tan valiente que se hace esta pregunta, siquiera, y que la contesta en forma positiva, cambiando su religión y su Dios por el Verdadero Elohím, el Único? Este es el verdadero quidde la cuestión y el verdadero meollo de toda verdad espiritual.

Toda verdad espiritual es un privilegio de Elohím que nos llega a todos, aunque sólo los elegidos, los que estamos predestinados a recibirla, la aceptamos. Claro que tenemos el libre albedrío de entenderla y recibirla, o no entenderla y rechazarla. Pero ya está escrito/katúv de que habíamos de recibirla, ya sea para salvación o para perdición. Si entendemos esto, entendemos por qué el nombre Itró significa “Su Excelencia”: porque todos los que estamos predestinados a ser testigos del VERDADERO Elohím, somos “Su Excelencia” en el plano espiritual, una excelencia que muy pocos poseen. Esta es la mitad que viene de Elohím. La otra mitad, como decíamos, depende de nosotros el aceptarla o el rechazarla. Itró no sólo la aceptó sino que, como sacerdote de una falsa religión como la midianita, tenía todo en contra: su prestigio, su título de sacerdote de otra religión, su posición, su sueldo, todo se iba a perder en el momento mismo de cambiar de religión y de aceptar a otro “dios” que no fuese el suyo original. Y sin embargo, cambió todo por el Elohím de su yerno. ¿Quién hace esto? ¡Muy poca gente! Itró es un milagro caminante. La mayoría de la gente no cambia nada: ni que se le presente Ieshúa en persona va a cambiar ni de religión, ni de creencia, ni de nada. La obstinación humana es terrible. Dice en Rev. 16:8-9: “Y el cuarto (málaj/ángel) derramó su copa sobre el sol, y le fue dado a él que quemase a los hombres. Y fueron quemados los hombres con una gran quemadura y blasfemaron el nombre de Elohím, el que tiene poder sobre estas plagas. Y no se arrepintieron para darle kavód/honra”. (nuestra traducción). En vez de recapacitar y arrepentirse, para que Elohím quitase la quemadura, al revés, hablaron mal de Elohím y no se arrepintieron. Lo que fue será. Lo que hicieron los hombres en el pasado, lo harán muy pronto, en el futuro inmediato a nuestros días.

Por eso el ejemplo de Itró es más notable todavía. No sólo no era un hombre común, sino que era un sacerdote de una falsa religión, y aun así, reconoció al Verdadero y cambió toda su vida para seguir a la Verdad que vio con sus propios ojos.

Este es un mensaje que Elohím estuvo enviando a la humanidad en todo momento: desde los tiempos antiguos a través del judaísmo, y desde el siglo I, a través del judaísmo mesiánico renovado del Siglo I (JMR I), con Ieshúa, quien es la corporización de ADONÁI mismo (Ioj. 1:14), ADONÁI con “traje de carne,” el Cuerpo de Elohím.

Mas, ¿qué sucedió en los últimos diecinueve siglos, desde que Ieshúa murió y resucitó? ¿Se ha extendido el JM I (el judaísmo mesiánico del Siglo I) por todo el mundo? ¿Se ha extendido la Toráh, la base escritural del JM I—junto con Ieshúa? ¡NO! Lo que se extendió fueron dos religiones: una totalmente falsa, la adoración al Dios sol, Mitra, y la otra, un intento de retorno a la verdadera religión, pero que se quedó corta de la Verdad y del verdadero Mesías judío, el Rébe Ieshúa y de Su Toráh, que constituye y engloba los principios morales y éticos que debían haber seguido todos los verdaderos seguidores del Elohím de Israel.

El resultado fue que los únicos que siguieron la Toráh hasta el día de hoy fueron los judíos, pero no aceptaron al Elohím hecho Carne y se empecinaron en no aceptarlo y en negarlo, aceptando falsos Mashíajs como Shabetái Tzví y otros, con el empecinamiento de que hablábamos más arriba; mientras que losgóim/gentiles que sí aceptaron al Mesías, que fueron llamados “cristianos”, rechazaron su herencia entre el Pueblo Judío, a diferencia de Itró, rechazaron la inmensa riqueza de la Toráh y de su sabiduría; y aceptaron a un Mashíaj deformado, desjudaizado y sin Toráh, con una salvación “gratuita” despojada de toda obligación emergente de la emunáh/fe como dice Jacobo: “Porque laemunáh/fe sin mitzvót/buenas obras está muerta”—separando la cabeza del cuerpo de la emunáh, algo totalmente equivocado y falso, mostrando el mismo empecinamiento en aceptar  mentira tras mentira en vez de la Verdad que el es el Rabino judío Ieshúa y la Toráh judía.

El resultado final, después de tres mil trescientos años para el judaísmo y de mil novecientos años para el cristianismo es un fracaso para ambos. El primero todavía no quiere ver el “sol” espiritual que no se puede tapar con las manos, a Su Mashíaj; el segundo, no quiere ver su origen, su verdadero lugar, dentro del ser espiritual que es Israel, dentro del Judaísmo Mesiánico, ni ver al verdadero Mesías, al judío.

Pero Elohím ya tenía en cuenta ambos fracasos antes siquiera que nacieran. No lo “tomó por sorpresa” ni debemos ser tan ingenuos de creer que todo fue “mala suerte.” Ya estaba escrito de que los judíos iban a rechazar al verdadero Mashíaj y ya estaba escrito de que la fase de “exportación” del JMR I iba a fracasar y ser sustituida por dos religiones falsas haciéndose pasar por verdaderas.  ¿De qué depende esta excelencia que exhibió Itró y que no han mostrado prácticamente la totalidad de los líderes religiosos, que se dejan llevar por la inercia o por la mentira en que nacieron, en vez de buscar la verdad y encontrarla, que es el Elohím de Israel y no otro?

 LAS CONDICIONES MENTALES NECESARIAS

¿Cuáles son las condiciones mentales que se necesitan para ser “Su Excelencia?”

Primero,  un criterio bien desarrollado. Itró escuchó “todo” lo que Elohím hizo por Israel y usó bien su criterio. Muchos de nosotros escuchamos sobre los milagros que Ieshúa hace en las vidas de los que nos rodean y miramos para otro lado o seguimos creyendo en los “dioses” en que nacimos. La capacidad de hacer un juicio está pobremente desarrollada en la mayoría de los creyentes. Es por eso que la enorme mayoría se queda en la religión donde nació, aun cuando es una falsa, o se queda en el cristianismo, aun cuando este exhibe tantos agujeros como un queso Gruyere; o, cuando se pasa al judaísmo mesiánico, comete algunas desviaciones. El orar y recibir un buen criterio para juzgar la verdad o la falsedad de algo que examinamos es un enorme plus en nuestro caminar espiritual y debemos tenerlo presente en nuestras oraciones diarias, ya que nos sacarán de las herejías y de los errores automáticamente, porque podremos ver a través de ellas y detectar los errores inmediatamente, por una intuición espiritual que se da mucho en las mujeres creyentes pero muy poco en los hombres.

Segundo, poseer amor a la verdad. Esta es una “vacuna espiritual” que nos inmuniza contra los errores, ya que Elohím escucha esta ansia de verdad y nos conduce a lugares y a escuchar la verdad, en vez de exponernos a cualquier tipo de enseñanza, tanto la de mayor profundidad en la verdad, como la de mayor profundidad del error, por no tener ese amor innato o adquirido por recibir sólo la verdad espiritual de Elohím y no las “verdades” del hombre, pura vanidad. Debemos incorporar este pedido a nuestras oraciones diarias, y pronto veremos resultados prácticos, como nosotros hemos detectado en muchos mesiánicos, que están ya vacunados contra las infecciones que ya están cundiendo en el cuerpo espiritual de la Kaláh/Novia.

Tercero, dice en Irmiáhu 7:23-27: “mas esto les mandé, diciendo: “Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Elohím, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mandare, para que os vaya bien.

24  Y no oyeron ni inclinaron su oído; si no que caminaron en sus consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante,

25  desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Mitzráim hasta hoy. Y os envié a todos los profetas mis sirvientes, cada día madrugando y enviándolos;

26  mas no me oyeron ni inclinaron su oído; sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres”.

27  Tú, pues, les dirás todas estas palabras, mas no te oirán; aun los llamarás, y no te responderán.”

Cuarto, debemos aprender a “oír e inclinar” nuestros oídos ante Su consejo y no “caminar en nuestros consejos” y no “ir hacia atrás en vez de ir hacia delante”.

La emunáh/fe trabaja sin vista; lo que se ve no es emunáh. Sólo puede hablarse de emunáh cuando algo se escucha y se cree, porque cuando se ve, no es necesario creer, sólo hay que ver y ¿qué mérito hay en “creer” algo que se está viendo? Aquí hay algo bien importante. Elohím desea separar “las ovejas de las cabras” por medio de la emunáh; y para probar nuestra emunáh trabaja por el oír, no por el ver. Si emunáh fuese ver, todos serían salvos, porque Elohím sólo tendría que mostrar, un milagro, por ejemplo, y todos verían y serían salvos. Sin embargo, en Su sabiduría/jajmáh, eligió el escuchar y no el ver para probarnos.

Vea que la Escritura hace una diferencia entre “oír” e “inclinaron sus oídos”. Oír es, en el concepto judío, escuchar y hacer. En cambio, “inclinar nuestros oídos” es abrir nuestra mente y nuestra voluntad para escuchar y hacer cosas que muy probablemente NO son nada de nuestro agrado, pero sí la voluntad de Elohím. “Inclinar nuestros oídos” es estar dispuestos de antemano a someter nuestra voluntad a la de El, sin importar NUESTROS deseos ni nuestras inclinaciones. Por ejemplo, hay cosas que Elohím desea que hagamos, que puede que vayan totalmente en contra de nuestra naturaleza o nuestra manera de ser. Hay personas extrovertidas, que se gozan en hacer y en moverse de aquí para allá y Elohím les puede pedir que mediten una hora al día, lo cual para ellos es una verdadera tortura. Al contrario, los introvertidos les encanta estar quietos y Elohím les puede pedir que salgan a visitar enfermos, lo cual está totalmente en contra de su carácter y disposición. El estar dispuesto a hacer esto que está en contra de nuestra manera de ser es “inclinar nuestro oído”.

Elohím unge a aquellos que hablan o escriben por Él y para Él. Si los escuchamos o los leemos, escucharemos Su mensaje. Elohím NO unge a aquellos que expresan sus opiniones personales o doctrinas particulares. Si usted los escucha o los lee, va a extraviarse con las infecciones mentales de otros, o, como mínimo, a confundirse. ¿Por qué algunos de nosotros tendemos a “tener suerte” y escuchar o leer a los que hablan de parte de Elohím y no a los que hablan o escriben de parte de sus propias mentes? Porque hemos orado para ello, o porque deseamos en nuestro corazón escuchar Su voz y no la de nuestro corazón, que quiere cosas carnales y desea hacer nuestra propia voluntad. Ore para que Elohím lo aparte de los que hablan o escriben de sus propios corazones y no siguen la voz de Elohím.

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