Está escrito en Matitiáhu/"Mt" 18:21-22: "Entonces se le acercó Kefás (Pedro) y le dijo: Adonai, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Ieshúah le dijo: No digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete".
Muchas veces me he preguntado cómo estas palabras de Adonai podrían ser una realidad en mi vida. ¿Son una realidad en tu vida?
Las heridas, las ofensas que recibimos no son fáciles de sanar, aun cuando hagamos todo el esfuerzo posible en oración, liberación y clamor a Adonai. Olvidar las lágrimas y la tristeza que nos causaron las palabras, las actitudes o las miradas de las personas que amamos, apreciamos o conocemos, nunca resulta algo fácil de conseguir.
Pero siempre he creído que toda palabra, toda advertencia y toda enseñanza que Elohím nos da en sus Escrituras, pueden y deben ser cumplidas en nuestras vidas, dependiendo de cuán cerca desea nuestro corazón entender y comprender a Adonai.
Una tarde, escuchando una prédica, el Rúaj ha Kódesh (Espíritu Santo) le habló a mi corazón esto que deseo compartir contigo hoy.
Es muy difícil perdonar una vez, siete veces, o setenta veces siete, a menos que nuestro corazón no esté latiendo al lado del corazón de Elohím. Es imposible perdonar si nuestros ojos no ven a la persona que nos lastima con los ojos de Adonai.
Es imposible no escuchar las palabras duras que salen de la boca de aquél que nos ofende a menos que no escuchemos con los oídos y la comprensión espiritual de Elohím.
Y es imposible olvidar y poner fin a los pensamientos dolorosos que abre las puertas al enemigo para que el dolor sea cada vez más y más profundo y aquello se convierta en rencor y rechazo a menos que veamos a esa persona como Ieshúah ("Jesús") la ve, con sus ojos, sus oídos, y su corazón.
Si la vemos como Él las ve, como la perdona y olvida sus transgresiones entonces estaremos aprendiendo a perdonar y a olvidar. Así como nosotros sentimos alivio cuando venimos a los pies de Ieshúah pidiendo que Él nos perdone nuestras ofensas y pecados y Su misericordia, Su amor esté siempre con nosotros, así nuestro perdón hacia la otra persona traerá alivio y paz a ambos corazones. Nunca olvidemos que con el perdón de Ieshúah también llega Su misericordia, Su amor, Su gracia y Su mano extendida hacia nosotros en todo momento aun cuando lo hemos lastimado y herido con nuestras transgresiones.
Pero Él con cada corazón arrepentido, se alegra, y perdona, sana y olvida. Es a Él a quien debemos imitar, y si así lo hacemos, podremos realmente ver la bendición que significa para nuestras vidas el perdonar, no por nosotros mismos, porque es casi imposible, pero a través de Él y del Rúaj ha Kódesh, cada vez que perdonemos de corazón nos mostrará y nos hará sentir cuán cerca está nuestro corazón del corazón de Ieshúah, y así poder cumplir con Su ayuda, su Palabra de Matitiáhu/"Mt" 6:14-15:
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas".